Virtuosos los que en su andar consiguen los disfraces a sus tormentos. Fatal y tormentoso aquél, yo, quien no usa disfraces y extraña y ama, y se envuelve y llora, y sueña y se aflige, y ríe de vez en cuando.
El amor, recogió a todos los seres perdidos y les regaló una senda. Al oriente una cadena montañosa, al poniente un mar tranquilizante. El amor recogió a todos los seres perdidos, a los solitarios, pero lo hizo en mis sueños.
Soñamos con el príncipe o la princesa azul siendo demasiado conscientes de nuestro valor. Soñamos con prados y estrellas si acaso pudiéramos encontrarlas. Y los afortunados, sueñan con volver a encontrarse, azules, como príncipes o princesas.
Existen lugares en la intermitente del pensamiento que han sido desvalorados,
lugares con un mejor cielo, un mejor océano, y un mejor destino; comprometido sea en él el amor verdadero que no hace daño, el sentido del extrañar o recordar sintiendo que no es extraño, y el vivir por sobre todas las cosas, respirando.